Después de un año y medio estudiando a diferentes arquitectos en El Último Arquitecto, me tomo un tiempo sabático para llevar a cabo otros proyectos.
De cualquier forma, dichos análisis seguirán en esta web para que cualquiera pueda aprender.
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Adolf Loos.
Contradictorio y radical.
Una persona como Adolf Loos es alguien que llama la atención cuando está en un sitio, sobre todo si está hablando, pese a lo cual, al igual que Hans Scharoun, no llegó a ser reconocido en su tiempo como los grandes arquitectos el siglo XX.
Al contrario que Aalto, Loos valoraba sobremanera el “American way of life” y lo tenía como la antítesis necesaria a la forma de vida vienesa burguesa de su momento. Criticó con energía, quizá demasiada, lo superfluo y lo ornamental, llegando a culpar de la decadencia del hombre moderno al ornamento en su obra más conocida “Ornamento y delito”, donde indicaba la relación entre la evolución cultural y el rechazo a la floritura, sobre todo en la clase social que podía disfrutar más allá de la mera decoración. Según Loos, la arquitectura y el arte sólo debían verse en un monumento y en un sepulcro, puesto que la arquitectura tiene finalidad, y lo que tiene finalidad no es arte. Lo veía como algo contraproducente a la propia idea de vida, para él la cultura no era una mera moda o relación con el saber, sino una forma de vida.
Y conste que muchas veces las obras de Loos pueden parecer o ser monumentales, pero lo son en su utilidad, no simplemente en su mera formalidad.
Su forma de hacer arquitectura es muy diferente de lo que se venía viendo hasta el momento. El introdujo a efectos reales la tercera dimensión en el proceso de creación de un proyecto, lo que él denominó Raumplan (la planta espacial), ya que siempre criticó que el espacio no era tenido en cuenta, prestándosele sin embargo atención a nimiedades.
El mejor ejemplo de esta arquitectura se da en la Villa Müller, una de las mejores obras de Loos.
El caso es que no sólo los clasicistas se le echaron encima, sino que los modernos también, puesto que en su guerra no iba contra modas, sino contra actitudes, y el exceso tanto se puede cometer en un bando como en otro.
Al modernismo le criticó que usara los nuevos materiales de forma ilógica, sin tener en cuenta sus propiedades. Y al contrario que muchos de sus contemporáneos, radicalizaba el tránsito entre el exterior de una vivienda y el interior, siendo sus fachadas extremadamente simples (incluso llegó a tener problemas con la de la casa en Michaelerplatz, ya que las autoridades la veían demasiado simple, y tuvo que retocarla) mientras que sus interiores eran lugares donde desplegaba toda su maestría; y era aquí donde usaba los materiales según sus propiedades para envolver el armazón estructural que soportaba el edificio, normalmente en hormigón armado.
Sin embargo, muchas veces se reconoce un exceso en la obra de Loos que roza demasiado su odiado ornamento, como en las vigas de madera (no portantes) que solía poner junto a las chimeneas inglesas.
Su coherencia iba más allá y mostraba una distinción de materiales según el uso al que iban destinadas las plantas. El mejor y mayor ejemplo de esto se da en la vivienda del dadaísta Tristán Tzara.
Pese a eso, una de las mejores características de la arquitectura de Adolf Loos era que no obligaba a sus habitantes a adoptar una forma de vida, sino que permitía absorber esa forma de vida ya previa y conjugarla con la nueva arquitectura, algo que se esforzó en criticar en su escrito “Historia de un pobre hombre rico”.
Proyectos más significativos:
Casa Michaelerplatz (Viena, Austria)
Casa Scheu (Viena, Austria)
Columna del Chicago Tribune (no realizado)
Casa Tristán Tzara (París, Francia)
Villa Müller (Praga, Rep. Checa)
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Alvar Aalto.
El arquitecto que se atrevió con todo.
Una de las cosas que más llaman la atención de las obras de Alvar Aalto es el cuidado y la importancia que le da a la naturaleza. El hecho de haber nacido en un país con extensos bosques y en una ciudad aún no dominada por el desarrollo industrial hicieron que los valores del finés corrieran en esa dirección.
Sin embargo no fue sólo su tierra la que le influyó en su manera de proyectar. Del carácter mediterráneo, cuya cultura urbanística le marcó casi obsesivamente, absorbió la posibilidad de transición entre el espacio exterior y el interior de una vivienda, algo que le fue más difícil hacer en su país, debido al intenso frío. Para él, la entrada a la vivienda es casi un ritual.
Aalto fue un hombre comprometido con su tiempo. Fue un activista político-filosófico, de tendencia cercana al marxismo y gran funcionalista, y eso se denota en el tipo de construcciones que asume en su carrera arquitectónica.
Al igual que la mayoría de sus contemporáneos, Alvar Aalto tuvo un proyecto utópico de la ciudad teórica, la llamada Ciudad Americana, un intento de recrear en Finlandia una ciudad que diera respuesta a todos los problemas urbanos y constructivos a través de la prefabricación, dándole importancia, como siempre había hecho, a los espacios públicos.
Desde una perspectiva muy positiva juzgaba que todos los proyectos podían tener una parte apta para mejorar la arquitectura en algún punto. Aunque no pudiera hacer el proyecto perfecto, aspiraba a que cada uno de ellos destacara por haber solventado o mejorado algún problema. Por ejemplo, en la Villa Mairea intenta estudiar la relación entre la arquitectura y el arte, pues el cliente es un coleccionista que requiere una galería anexa a la vivienda.
Muchos fueron los edificios representativos que construyó, aunque opinaba que el edificio comercial empezaba a reemplazar a los edificios públicos como monumento o hito, algo que se ha ido marcando más con el transcurso de los años. En estos casos la representatividad que necesitan los edificios públicos choca con el funcionalismo del arquitecto.
En estos edificios públicos tomaron mucha importancia la luz, o la acústica, en el caso de la Biblioteca Viipuri (actualmente Víborg), con su característico techo ondulado, que favorecía el diálogo más que el monólogo.
Además de su obra arquitectónica, Aalto dejó un gran legado de mobiliario con la empresa Artek, que fundara con su primera mujer. Su obra arquitectónica no se entiende sin su parte interiorista, ya que en sus proyectos más importantes diseñó hasta los objetos más pequeños, como los tiradores de las puertas.
Para Alvar Aalto “la belleza es la armonía entre la función y la forma.”
Proyectos más significativos:
Villa Mairea (Noormarkku, Finlandia)
Pabellón de Finlandia (Exposición Universal, Queens, Nueva York, USA)
Biblioteca Viipuri (Viipuri, Rusia)
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Alberto Campo Baeza.
La arquitectura de la idea.
En un momento para la arquitectura en el que la artificialidad de la materia es uno de los leit motiv más utilizados, se agradece contemplar la obra de un arquitecto para el cual la arquitectura en sí misma es el principal, y casi exclusivo, fin.
Para quien vea su obra sin conocimiento previo es más que probable que sienta que la simplicidad de las mismas sea excesiva. Pero mirándolo con más cuidado, con más detalle, se ve que esa simplicidad es mucho más compleja que cualquier tortuosa estructura de las que hoy hay por doquier.
Campo Baeza es un arquitecto de los de antes, de los que se dedica a construir por amor a la arquitectura, y eso se nota. Se ve el cuidado de cada plano, de cada detalle y, por supuesto, de cada espacio.
Para él, la sensación que ha de producir la obra una vez acabada es lo más importante, por eso dedica un esfuerzo titánico a cada proyecto, trabajando a unas escalas desmesuradas para poder sentir lo que quiere que nosotros sintamos cuando vivamos sus obras.
Cuando se ve la obra de este arquitecto es imposible no recordar el “menos es más” de Mies Van Der Rohe. Un paso más allá del cuidado por el detalle del alemán está la espacialidad tan rica de este arquitecto, a la altura del famoso Raumplan de Adolf Loos.
Cuando las formas y los materiales se simplifican a tal extremo, no es sino la arquitectura en sí misma la que concentra toda la atención que, en otros casos, podría quedar dispersa.
Pero decir que la obra de Campo Baeza es una copia de la de Mies es mentir. La idea de que la razón es el motor que ha de mover el proyecto si se ve en ambos autores, pero en este caso se ha ido más allá. La abstracción del detalle hasta su desaparición es lo que posibilita una pureza pocas veces vista hasta el momento.
Ésta idea no es sólo generadora del proyecto, sino que sin ella el proyecto, directamente, no se realiza.
Para lograr semejante simbiosis con su propia arquitectura, Campo Baeza necesita trabajar a una escala tal que pueda sentir su propia creación antes de que esta haya sido ejecutada en la obra. Por eso las sensaciones que produce están estudiadas desde una fase muy previa del proyecto.
En cualquiera de sus obras, pero especialmente en algunas como la Casa de Blas o la casa Gaspar, muestra la importancia vital, literalmente, que le da a aspectos como la gravedad o la luz. Para él no son temas recurrentes que puedan ser interesantes en un proyecto, sino que son los dos grandes materiales a los que nunca abandona.
Incluso esos materiales son capaces de fragmentar y de modular el proyecto en sí mismo.
Ello implica que la dedicación necesaria a un proyecto sea mucho más elevada de lo normal, muy exhaustiva y, a ojos de algunos, excesiva. Pero gracias a esa dedicación, y a las fuertes convicciones es capaz de crear una arquitectura muy alejada de la actual, que es una arquitectura temerosamente aduladora del ornamento, una arquitectura que Loos borraría sin contemplaciones de la faz de la Tierra y que tampoco parece sea del agrado de Campo Baeza. Una arquitectura orgullosa de su vacuidad, apropiada para sus habitantes, orgullosos de su ingenuidad.
Contra eso, él levanta un muro con una idea poderosa y paternal. La arquitectura ha de ser agradable al ser humano, ha de entenderse con él de la manera más cercana posible. Para ello utiliza un despiece de la idea bastante certero: CONTEXTO+FUNCIÓN+COMPOSICIÓN+CONSTRUCCIÓN.
Si en un proyecto se tienen estos aspectos en cuenta en todo momento, no es difícil que salga una obra equilibrada y con sentido.
Junto ello, una renuncia a lo superfluo, a lo ornamental y una pureza buscada con la luz, la piel blanca y el vidrio.
“Me gustaría que mi arquitectura sirviera NO para alcanzar la fama, sino para hacer felices a los hombres, NO para ser fotografiada, sino para ser vivida, NO para nuestro tiempo, sino para siempre.”
Alberto Campo Baeza. La idea construida.
Proyectos más significativos:
Casa Gaspar (Cádiz, España)
Casa de Blas (Madrid, España)
Colegio Público San Fermín (Madrid, España)
Caja General de Granada (Granada, España)
Centro B.I.T. (Mallorca, España)
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Antoni Gaudí.
Único y llamativo.
Sin duda se podría decir que Antoni Gaudí es el arquitecto español más importante de la primera mitad del siglo XX.
Fue un arquitecto polifacético que tocó casi todas las artes para incorporarlas a su peculiar arquitectura. Se le ha comparado con muchos artistas, sobre todo músicos contemporáneos como Wagner por su manera de entender el arte. Esta comparación no es fortuita, ya que gaudí le dio mucha importancia a la música, aunque no menos a la escultura.
Sus obras tienen una fuerte componente escultural que se aprecia tanto en la ornamentación como en la plasticidad de los espacios en sí mismos. Esos techos sin vigas a base de bóveda y esos pilares inclinados parecen sujetar un vacío que, lejos de ser hueco, está lleno de sensaciones.
Uno de los motivos principales de que la estética de gaudí sea tan peculiar es la fuerte inspiración que ha tenido siempre en la naturaleza. Él la entendía como el objeto perfecto al que había que aspirar en la arquitectura, pese a lo cual nunca imitada burdamente a ésta.
Así pues podemos ver elementos animales en muchas de sus obras, como tortugas en la base de las columnas, lagartos y dragones inspirados en el lejano oriente, algo que marcó a Gaudí en sus últimos años de carrera.
Junto a ello, el cuidado que le daba a los materiales aprovechando todas sus cualidades (sobre todo las acústicas y estéticas), confieren una piel de indudable calidad a todas sus obras, desde las más sobrias a las más espectaculares.
Esto generó que incluso la estructura de sus obras estuviera inspirada en las formas de la naturaleza, y en vez de usar retículas de pilares o vigas usó funiculares y catenarias, de forma empírica, mediante maquetas invertidas, diferenciando entre forma, espacio y estructura, pero relacionándolos entre sí y poniendo de manifiesto un intento de consecución de un espacio lo más interesante posible, sobre todo en la transición exterior – interior.
Surge así un espacio muy particular, ligado a la experiencia de moldear algo más que de dibujar algo.
Pero si algo puede llamar fuertemente la atención de la obra de gaudí aparte de sus espacios son sus fachadas, elementos a los que él confería una importancia muy elevada, y donde desarrollaba todo su potencial creativo. Fachadas que casi siempre estaban en movimiento gracias a las formas y al empleo masivo de la cerámica.
La iluminación fue, junto con la acústica, una de las cualidades de sus obras que más se esmeró por desarrollar, pues fue un detallista empedernido y no gustaba de dejar nada al azar.
Otra de las peculiaridades del arquitecto catalán era su ferviente fe. Cuando proyectaba la Sagrada familia no buscaba un templo donde congregar a la gente, sino uno capaz de congregar a una ciudad sin hacerla venir a la iglesia. Incluso en sus últimos años, cuando dio por imposible acabar la obra en vida se dedicó a realizar maquetas de todos los detalles de la catedral para que alguien pudiera acabarla en algún momento.
Por todo ello no perteneció al movimiento modernista de la manera más académica, pero fue sin duda el mayor representante de nuestra arquitectura en el extranjero.
La de gaudí es una arquitectura intemporal, de un pasado que nunca existió, de un presente que no le fue propio y de un futuro que nunca llegará.
Proyectos más significativos:
Casa Milá. La pedrera (Barcelona, España)
Casa Batlló (Barcelona, España)
Parque Güell (Barcelona, España)
Sagrada Familia (Barcelona, España)
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Frank L. Wright.
Probablemente, el mejor arquitecto del siglo XX.
De personalidad desbordante e inquieta, Frank Lloyd Wright fue uno de los grandes maestros de la arquitectura del siglo XX y probablemente de toda la historia.
Esta personalidad fue en gran parte influenciada por su madre, que lo orientó desde muy pequeño hacia la arquitectura.
En sus obras se puede ver un desarrollo constante que nunca se llegó a parar. Influenciado por la arquitectura americana, japonesa y europea, siempre trasgredía lo que consideraba un estilo. Por eso sus obras pueden llegar a ser muy diferentes unas de otras. Fue cubista, racionalista, minimalista, postmoderno…
Fue cuando consiguió romper los límites de las figuras prismáticas con las que jugaba de pequeño cuando él mismo reconoció haber encontrado eso que llevaba buscando desde siempre. Así pues los espacios no tenían paredes, sino límites.
Pero si algo le influyó más que la arquitectura fue la naturaleza. Más por creencia que por lógica, Wright pensaba que la Naturaleza era a lo que debería tender el hombre.
Su obra tiene una integración máxima con el entorno, aspecto que se ve a la perfección en su obra maestra, la casa de Edgar J. Kaufmann, más conocida como Casa de la Cascada o Fallingwater House.
Pese a esta personalidad tan marcada no siempre fue consecuente con sus ideas, como él mismo reconoció con respecto a la casa de N.G. Moore.
Salvo esos excepcionales casos sus viviendas se integran con el paisaje mediante una articulación perfecta de planos que genera una gran riqueza tanto en los interiores como los exteriores como en los espacios que los unen, potenciando la horizontalidad, una cualidad que valoraba mucho, sobre todo en los modelos de las Praerie Houses, un tipo de viviendas unifamiliares que le llevaría a generar lo que sería su proyecto de ciudad utópica, la Broadacre City.
Esta ciudad se basaba en el ideal rural, ya que Frank Lloyd Wright entendía que la ciudad había llegado a su límite de población y que debería potenciarse una vuelta al campo. El fallo de teorías urbanistas como la Ciudad Jardín influyó en este paso.
Le confirió mucha importancia al automóvil y a la dispersión de la ciudad. Para ello usó las casa usonianas, generadas a partir de los modelos de la pradera.
En toda su obra Wright le dio una gran importancia los materiales, pero no a los nobles, sino a los más vulgares, como la madera, el ladrillo y el hormigón, buscando la naturaleza de forma instintiva.
Pese a todo, hubo algunas ocasiones en las que se desvió de su carrera para hacer o proyectar obras algo diferentes, como el Memorial Masini de Venecia que no se llegó a construir o el Hotel Imperial de Tokio, a cuyos proyectos le dio una importancia mucho mayor a la integración tanto arquitectónica como social con las preexistencias.
De una forma diferente a la de le Corbusier, Wright se enfrenta él para ver quién es el mejor arquitecto del siglo XX… aunque él no tenía duda.
Proyectos más significativos:
Edificio Johnson (Racine, Wisconsin, Estados Unidos)
Casa Kaufmann (Fallingwater) (Mill Run, Pennsylvania, Estados Unidos)
Casa Robie (Chicago, Illinois, Estados Unidos)
Museo Guggenheim (New York, New York, Estados Unidos)
Edificio Larkin (Buffalo, New York, Estados Unidos)
Templo Unitario (Oak Park, Illinois, Estados Unidos)
Hotel Imperial (Tokio, Japón)
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Guillermo Vázquez Consuegra.
El autor (casi) invisible.
Dicen de muchos arquitectos que se pierden en un lenguaje propio que hace que cuando uno ve una de sus obras sepa inmediatamente quién es el autor. También dicen que es el ego del creador el que lleva a ese planteamiento. Sin embargo, Vázquez Consuegra es el ejemplo de que no tiene porqué ser así. Su ego, muy presente según quienes le conocen, le lleva a pasar desapercibido en primera instancia.
Esto ha generado que parte de quienes interpretan y comentan sus obras lo tengan por un autor soso y poco dado a grandezas visuales o formales. Según el mismo dice, el arquitecto tiene que ser lo suficientemente bueno como para que la maestría y la complejidad que posee todo edificio llegue a pasar desapercibido al habitante. Podría ser un buen símil el del árbitro de un acontecimiento deportivo, que sabe si ha hecho bien su trabajo porque nadie se acuerda de él.
Pese a eso hay ciertos elementos con los que trabaja de forma recurrente, siendo quizá el más significativo el patio. Seguramente heredero del patio sevillano, Vázquez Consuegra introduce en muchas de sus obras patios de una plasticidad y belleza tan pura como espectacular. Un buen ejemplo de esto se puede ver en el Ayuntamiento de Tomares (Sevilla), donde con muy pocos elementos es capaz de crear recorridos visuales y espaciales que, sin llegar a impactar, conmueven. No son pocas las veces que este patio se torna tan importante que es capaz de llegar a ordenar todo el proyecto en el que se incluye.
Otra característica por la que es posible, que no seguro, el poder identificar una obra suya es por la composición de las fachadas. Casi sin despiece, son más una forma horizontal a base de lamas o de bandejas que parece que se esfuerzan en anclar el proyecto a la tierra, no dejando espacio para voladizos o similares.
Uno de sus últimos concursos ha sido para la Biblioteca Universitaria de Sevilla en el Prado de San Sebastián. Pese a que no ha sido el ganador ha quedado entre los cuatro finalistas, junto a Zaha Hadid, Dominique Perrault y los sevillanos Cruz y Ortiz.
Su propuesta en el parque es un elemento de una sola pieza, con fachadas muy transparentes al exterior y una cubierta ajardinada. Esto, junto al hecho de que introduce patios con árboles incluso en tercera planta, hace que parezca que el propio edificio no es sino una elevación del propio parque en el que sea asienta.
Así pues, pese a que no es dado a grandes alardes, al menos en su arquitectura, si somos lo bastante meticulosos podremos ver la firma, eso sí, invisible, de este arquitecto.
Proyectos más significativos:
Ayuntamiento de Tomares (Tomares, Sevilla, España)
Ordenación de la ría de Vigo (Vigo, España)
Museo de la Ilustración (Valencia, España)
Ed. De viviendas plurifamiliar en Av. Ramón y Cajal (Sevilla, España)
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Hans Scharoun.
Del interior al exterior: La fachada como resultado.
Cuando se estudian a los grandes arquitectos de principios de siglo veinte parece que lo único que se escucha es “…Le Corbusier…” “…Mies Van Der Rohe…” “…Frank Lloyd Right…” y demás figuras internacionales. Pero hubo geniales arquitectos que no han sido tan conocidos sólo porque no trascendieron al ámbito internacional o, como en este caso, lo hicieron al final de su carrera.
Este hecho y el no menos importante de que Scharoun no sea fácilmente clasificable en un estilo único, hace que haya pasado algo desapercibido, sobre todo en vida.
Cuando él se enfrentaba a un proyecto lo hacía caso por caso y sin una idea común más allá que darle la importancia que él creía necesaria a la función de edificio. Esto producía que sus edificios crecieran de dentro para fuera y sin darle más función a la fachada que mostrar el mero resultado de lo que ocurría en el interior del edificio. Pese a eso, tuvo de hacer encargos en los que sólo se encargó de diseñar la fachada y lo hacía de forma más que notable.
Esta forma de pensar hace que edificios como la Orquesta Filarmónica de Berlín pasen casi desapercibidos para el peatón desde el exterior, pero que sean obras de gran calidad formal, espacial y funcional si el espectador se atreve a pasar esa piel tan insulsa y a penetrar en su interior. En este caso en particular, resuelve la colocación del público de una forma tan genial como original, ya que lo dispone, no frente a la orquesta, sino a todo su alrededor. Esa importancia de la función hace que sus proyectos tengan formas aparentemente caprichosas pero que en el fondo están meticulosamente estudiadas, como las aulas del colegio o las viviendas del complejo residencial Romeo y Julieta.
Esa filosofía le llevó a mantener un idealismo casi toda su carrera, por lo que fue criticado y no se construyeron muchos de los edificios que proyectó pese a que había ganado los concursos.
Dado que cuando Adolf Hitler llegó al poder no se exilió voluntariamente de Alemania como lo hicieran otros compañeros de profesión, tuvo que mantenerse con encargos de viviendas unifamiliares, ya que no comulgaba con la arquitectura del régimen nacionalsocialista.
Esto le dio la oportunidad de crear obras tan importantes como la casa Schminke, obra que ha sido comparada con la Casa Tugenthat de Mies Van Der Rohe o la Ville Saboie de Le Corbusier. En este edificio se ven las referencias náuticas que mantendrá durante toda su carrera por haber nacido y crecido en una zona eminentemente costera donde el progreso venía de mano de los grandes barcos transatlánticos.
Poco a poco desde finales de su carrera hasta finales del siglo XX su posición como gran arquitecto ha ido subiendo hasta colocarse donde debe estar, como uno de los grandes del siglo en el que vivió.
Proyectos más significativos:
Filarmónica de Berlín (Berlín, Alemania)
Residencial Romeo y Julieta (Stuttgart, Alemania)
Casa Schminke (Kirschallee, Lobau, Alemania)
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Jean Nouvel.
La arquitectura no dibujada.
Si algo llama la atención de Jean Nouvel es su indiferencia con el movimiento del momento. Se erige como posmodernista en pleno apogeo de la adoración a Le Corbusier y contemporáneos, aunque en su obra se ven los trazos de un Mies en su época álgida estadounidense.
Pese a eso no se muestra insensible con el pasado, ya que es capaz de respetarlo incluso enfrentándose a él. No pretende pasar desapercibido ni mutarse con lo que hay previamente, sino que logra destacar tanto su intervención como el elemento intervenido. El juego con materiales contrapuestos como piedra y metal le ayuda en esa tarea, como podemos ver en obras como la Ópera de Lyon o la Iglesia de Sta. Mª de Sarlat.
Esta situación también se da en sus propias obras, donde busca una simbiosis con el espectador y habitante, explota la posibilidad de sentir la arquitectura que tiene el ser humano, de forma similar a lo que hace Steven Holl.
Sin embargo, a diferencia de aquel, Nouvel usa una fortísima componente visual además de arquitectónica. Para él la imagen es un símbolo poderoso, un constructor espacial.
En su juego perceptivo crea ilusiones o falsas percepciones (si ello es posible) que provocan que el habitante se centre más en la observación de la arquitectura, ya que ésta no transcurre siempre de forma convencional, llegando incluso a confundir, como en el edificio de la Fundación Cartier, donde juega de forma magistral con las transparencias.
Y como para cualquier estudioso de las reacciones humanas en la arquitectura la luz juega un papel muy importante, lo cual podemos ver, por ejemplo, en el Instituto del mundo árabe de París. Incluso la transición que consigue con el interior – exterior del edificio es capaz de trasladarla al lugar de posicionamiento de la obra, logrando que el propio edificio sea un tránsito entre la Universidad de Jussie y el río Sena.
Siendo un arquitecto al viejo modo, se encuentra influenciado por muchas otras artes, como la pintura, escultura, literatura o filosofía, pero siempre desde una óptica actual que le permite innovar de forma constante pero que le provoco a su vez un inconformismo crónico.
Para él la arquitectura tiene un valor que la hace capaz de enajenar al observador de la observación de ella misma incluso cuando se encuentra inmerso, incluso usa las imágenes para fijar esas sensaciones como algo menos pasajero que las percepciones.
De la misma forma no se centra en la planta de un edificio para su creación, siquiera en su espacialidad, sino en su idea. Siendo como es un arquitecto textual, son las ideas las que le hacen crear arquitectura, y las que la mutan y transforman. El concepto transforma la obra, y no al revés.
Para lograr ese diálogo entre la arquitectura y el hombre no duda en usar elementos más o menos aceptados como las transparencias o la luz ni tampoco otros más ajenos como las imágenes, ya sean impresas, serigrafiadas o de otras formas.
Para él, el fin último de la arquitectura es salir de sus propios límites, tanto espacial como conceptualmente.
Proyectos más significativos:
Ópera de Lyon (Lyon, Francia)
Instituto del mundo árabe (París, Francia)
Edificio de la Fundación Cartier (París, Francia)
Galerías Lafayette (Berlín, Alemania)
Dentsu Tower (Tokio, Japón)
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Le Corbusier.
El arquitecto que se atrevió con todo.
Le Corbusier es considerado no uno de los grandes maestros del siglo XX sino el arquitecto del siglo. Con una vida dedicada a la arquitectura y el urbanismo pudo tocar todos los aspectos que consideró interesantes lo suficiente como para establecer numerosas teorías que serían alabadas en su momento y muchos años después de su muerte, como los 5 puntos de la arquitectura, la teoría de las 7V,… que siempre intentó llevar a la práctica, aunque no siempre de manera satisfactoria.
Los numerosos viajes que realizó a lo largo de su vida le influyeron de manera destacable, de manera muy personal.
Una carrera tan dilatada le dio para conseguir mucho, desde una arquitectura pura en su primera etapa, hasta las construcciones megalómanas y autónomas del final, pasando por un acercamiento a la arquitectura vernácula.
Por la época y por su condición, Le Corbusier le confirió mucha importancia a la higiene, salubridad, soleamiento y demás aspectos tanto en sus edificios como en sus planes urbanísticos.
Tanto como un gran arquitecto, Le Corbusier fue un gran urbanista, desarrollando ideas en varios continentes y llevando algunas de ellas a la práctica.
Como arquitecto destacó el uso del hormigón armado, conceptualmente en la casa DomIno (Domus + Innovation) y en la casa Citrohan.
Tenía una visión particular de la vivienda, que plasmaba en realidades como la introducción de talleres o áreas de trabajo en las mismas cada vez que podía o en la importancia que le confería al automóvil. Pero por encima de todo estaban cinco puntos que intentó plasmar en toda su obra y que fueron evolucionando a lo largo del tiempo:
La planta baja libre.
La planta baja sobre pilotis.
La Cubierta ajardinada.
La fachada libre.
Las ventanas corridas.
Esto generaba lo que se ha considerado la Promenade Arquitecturae, una de las aportaciones más interesantes de este arquitecto.
Estos puntos hicieron que sus viviendas tuvieran muchas similitudes formales y funcionales. La Ville Saboie es el gran ejemplo de su arquitectura de vivienda unifamiliar, donde aparte de estos cinco puntos, el coche cobra una importancia inusitada hasta la fecha.
Como urbanista, Le Corbusier plasmó sus ideas en varias ciudades teóricas, como la Ciudad Radiante o la Ciudad Contemporánea, que finalmente derivarían en la teoría de los tres establecimientos humanos:
La ciudad lineal industrial, la ciudad radiante y los asentamientos agrícolas.
Estas ciudades, al igual que parte de su arquitectura, estaba escalada según el Modulor, una escala que creó basándose en el cuerpo humano y que pretendía, además de dar una escala a la arquitectura basada en el hombre, tener una relación entre los dos sistemas de medidas del momento, el internacional (metro) y el anglosajón (pie). La manejabilidad del hormigón armado hizo que le fuera de gran ayuda en este cometido.
Esa idea de darle importancia al hombre fue plasmada de forma literal en algunas de sus obras, donde daba forma antropomórfica a alguna de las partes de sus edificios de forma excesivamente literal, algo similar a lo que hizo Dominique Perrault en la Biblioteca nacional de Francia.
Proyectos más significativos:
Plan Voisin (París, Francia)
Ville Saboie (Pissy, Francia)
Unidad de habitación (Marsella, Francia)
Iglesia de Notre Dame du Haut (Ronchamp, Francia)
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Mies van der Rohe.
Línea contra plano. El cuidado del detalle.
Cuando alguien estudia la arquitectura del movimiento moderno más o menos a fondo acaba concluyendo con gran posibilidad que hay dos arquitectos que se disputan el título de Arquitecto de Movimiento contemporáneo, con permiso de Frank L. Wright. Son Le Corbusier y Ludwing Mies Van Der Rohe.
El estilo minimalista que se empieza a extender entre los hogares y edificios actuales no es sino la consecuencia de la canalización de los ingredientes del movimiento moderno, sobre todo de los trazos de Mies, que han sido sacados de contexto, pero muy utilizados al fin y al cabo.
Las depuradas líneas rectas con gran profusión de vidrio y el mobiliario diseñado por él han dado buena cuenta de las características de la decoración actual.
Al igual que para muchos de sus compañeros, la arquitectura de Mies simbolizo una nueva etapa, algo tremendamente novedoso que se antojaba como el único futuro posible.
Pese a renegar como el que mas de los aspectos ornamentales (ni Loos llego a semejante nivel de abstracción) hay quienes le critican el usar elementos decorativos sustitutivos: ónice en vez de frisos y luz en vez de molduras.
Su obra cumbre, al menos en la etapa europea, es el Pabellón de Barcelona, la metáfora de la casa moderna, aunque el tiempo lo ha colocado como una metáfora del templo clásico. Dándole más importancia al basamento del mismo que a la entrada, motivo por el cual las escaleras aparecen en muchos de sus proyectos de forma sesgada más que invitando a entrar al edificio.
Esta idea se repite posteriormente en la Nueva Galería Nacional de Berlín.
En proyectos como en la casa Farnsworth, Mies consigue un acercamiento a la naturaleza de una forma muy poco convencional, mas cercana a la Ville Saboie de le Corbusier que a la Fallingwater de Wright. Con un trazado muy propio se instala en el lugar no obstaculizando ninguna de las relaciones previas y creando algunas nuevas.
En la mayoría de sus proyectos Mies concede una gran importancia al concepto, pero también lo hace al material que lo construye, con un cuidado y un detalle exquisito, tanto por lo que quiere resaltar como por lo que quiere ocultar.
Pero es en la vivienda donde Mies se centra más, al menos en su última época en Europa, con el estudio de las casas patio e infinidad de variaciones sobre el tema. Destacar la casa Hubbe, o lo que es lo mismo, el pabellón de Alemania hecho residencia, y no de una forma metafórica, como lo fue aquel, sino de forma real.
Al igual que en otros de sus contemporáneos, en Mies influyó la arquitectura oriental, la simplicidad, el minimalismo y la forma de entender la vida y sobre todo la naturaleza, siempre en sus pequeños proyectos, pues cuando proyectaba grandes edificios, el entorno de la gran ciudad era un elemento pesado a tener muy en cuenta. Los mejores ejemplos de esto son el Pabellón de Barcelona, la casa Farnsworth y el edificio de oficinas Bacardi.
En un proyecto de Mies se tiene la impresión de que todo está pensado, que no puedes mover un mueble o repintar un paramento sin destruir todo el conjunto de sensaciones que lo compone.
Proyectos más significativos:
Pabellón de Alemania (Barcelona, España)
Edificio Seagram (Nueva York, Estados Unidos)
Casa Fansworth (Chicago, Estados Unidos)
Edificio de apartamentos Lake Shore (Chicago, Estados Unidos)
Crown Hall (Chicago, Estados Unidos)
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Rem Koolhaas.
El arquitecto y la ciudad.
Cuando leemos, miramos u oímos a Rem Koolhaas enseguida nos damos cuenta de que no estamos solamente ante un arquitecto. Esto se ve en la creación de AMO, una escisión de su estudio OMA (Office for Metropolitan Architecture) que da estudio y respuestas a las inquietudes de los componentes del estudio que van más allá de la arquitectura, como la economía, política…
Su formación como tal fue precedida por estudios de periodismo, donde ejerció, además de cómo guionista, siendo su vinculación con la palabra aún mayor que la línea dibujada.
Koolhaas no es un arquitecto al uso, es decididamente experimental e innovador. Cuando la sociedad está en un punto, él ya ha visto lo que hay por delante y fuerza la vista para ver más allá.
Esta forma de pensar no sólo se plasma en escritos como Delirios New York, S, M, L, XL o Espacio Basura, sino también en sus obras, como la Villa Dall´Ava.
Siendo relativamente coherente traslada el caos y el desorden de los que habla tan a menudo a lo material, desde la elección de los revestimientos hasta la dispersión de la retícula estructural.
Desde sus inicios, Koolhaas apuntaba a que la arquitectura tenía una componente urbanística tan demoledora que no podía desprenderse de ella. Por ello que la escala de sus obras sea siempre desmesurada y enorme. Para él, la arquitectura es capaz de tener entidad propia si su escala es lo suficientemente grandilocuente como para hablarle de tú a tú a la ciudad, logrando ordenarla y dotarla de unas características que cree necesarias. El elemento conformador es el rascacielos, evolucionado desde su invención hace más de un siglo, pero sirviendo aún de referente de la nueva ciudad.
Para él, lo importante de la construcción no es lo que se construye, sino los espacios que se generan, algo que para muchos arquitectos pasa desapercibido. Para ello usa lenguajes y formas que muchas veces no pertenecen a ningún lugar en concreto salvo a su propia mente.
Si con Loos se descubrió la tercera dimensión, proyectualmente hablando, Koolhaas utiliza la cuarta, el tiempo, que es capaz de crear arquitectura y cambiar el supuesto continuo espacio tiempo tanto dentro como fuera de la propia obra a lo largo de su uso.
Como crítico, Koolhaas brama con mandíbula de acero algo que a veces el mismo hace con mano de cristal. Argumenta contra la arquitectura en la que no se nota la mano de un autor, pese a que en sus obras hay ocasiones en las que ello mismo sucede, aunque es cierto que lo normal es que, aunque no se note una firma propia, sí se distingan las intenciones ulteriores del holandés.
El problema es que entre lo que critica y lo que construye hay una línea tan fina que a veces es difícil posicionarle.
Koolhaas reivindica la arquitectura como resultado de un proyecto y un programa, algo que no mute de un uso al otro movido esencialmente por la especulación. Para él, el resultado de esto último no sería sino el Espacio Basura, la verdadera herencia del postmodernismo, un ir y venir de conceptos prefabricados, envuelto y, lo que es peor, previamente adecuados para su aprobación.
Dentro de esa vorágine de creación inútil, Koolhaas reivindica la importancia de la arquitectura en un mundo vacuo que no produce. No produce valor, sólo elementos facturados para ser consumidos, sea un edificio, una comida o una actitud. Para él, el futuro es el prosumer, el consumidor que además produce, generando una corriente de creación a la vez que se utilizan los productos.
Si bien la forma de pensar de Koolhaas no resulta muy convencional, menos aún lo es su forma de expresarse. Sólo hay que hojear su libro S, M, L, XL o las revistas de Content, para descubrir un mundo de imágenes, relaciones, extractor y sobre todo provocaciones que intentan generar una respuesta incluso apostando por la destrucción como forma de construcción, con acercamientos al deconstructivismo ruso. Igual que su arquitectura.
Junto a esta forma de expresión se muestra un inconformismo constante y un espíritu de queja que, sin embargo, es sorprendentemente optimista.
De la misma forma que les quita la culpa a los arquitectos por el desarrollo de las ciudades, le quita el supuesto mérito que también se les ha otorgado. Para Koolhaas la ciudad cambia y evoluciona muy a pesar de los arquitectos. Ello es indicativo de que hay que ver el cambio de las ciudades, y no emperrarse en mantener una concepción clásica de la misma.
Pero lo más importante es que Rem Koolhaas no se postula como un teórico utópico, sino que realmente cree en el cambio de la propia concepción de la arquitectura, lo que demuestra en algunas formalizaciones crudas de sus proyectos.
Proyectos más significativos:
Educatorium (Utrecht, Holanda)
Villa Dall´Ava (París, Francia)
Nexus World (Fukuoka, Japón)
Casa da Música (Oporto, Portugal)
CCTV & TVCC (Beijing, China)
Centro ZKM (Karlshube, Alemania) PROYECTO
Terminal Marítima (Zeebrugge, Bélgica) PROYECTO
Centro de convenciones (Agadir, Marruecos) PROYECTO
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Santiago Calatrava.
Cuando la escultura torna en arquitectura.
Santiago Calatrava es uno de los arquitectos más reconocibles a través de sus formas, donde aúna la escultura y la arquitectura de forma indisoluble.
Materialmente también es fácil reconocer sus obras, por el tratamiento blanco que le da al metal, en parte para prevenir la corrosión y en parte para darle una unicidad a la obra que la convierte en escultura.
Formalmente también es la escultura el origen de los conceptos, el ser humano y la naturaleza, que se convierten en formas estructurales novedosas, que adolecen según muchos de un sobredimensionamiento producido quizás por la ausencia de esquemas estructurales previos en los que fijarse.
Estos aspectos crean una obligada monumentalización de la obra, y demasiadas veces una carencia de relación con el entorno.
Cuando observamos proyectos como el Auditorio de Tenerife vemos que no es la planta la que da forma al proyecto, pues es casi clásica en su planteamiento, sino una sección de extrema originalidad e importancia, lo que genera una gran plasticidad espacial.
Aparte de la importancia dada a los materiales se denota un uso cuidadoso de la luz y el movimiento como generadores de espacio, un espacio que abraza al paseante. Esos mecanismos móviles son elementos propios de la ingeniería que en escasas ocasiones se muestran y utilizan en la arquitectura.
Quizá por eso uno de los elementos mas característicos de Santiago Calatrava son los puentes, en cuyo concepto suele subyacer alguna obra escultórica previa. Así, el puente del Alamillo de Sevilla (1992) recuerda a la escultura Running Torso (1983) y la ultima gran obra de Calatrava, Turning Torso (2005) a la escultura Running Torso (1983).
Proyectos más significativos:
Estación de Oriente (Lisboa, Portugal)
Turning Torso (Malmö, Suecia)
Ciudad de las Ciencias (Valencia, España)
Milwaukee Art Museum (Milwaukee, Estados Unidos)
Escuela Cantonal (Wohlen, Suiza)
Pabellón de Kuwait (Sevilla, España)
Catedral de St. John the Divine (New York, New York, Estados Unidos)
Auditorio (Sta. Cruz de Tenerife, España)
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Tadao Ando.
El arquitecto de las sombras.
Algunos arquitectos se caracterizan por un lenguaje concreto, otros por un material que consideran innovador.
El caso de Tadao Ando es particular, pues pese a que usa un material por encima de otros, como es el caso del hormigón armado, lo hace para poder usar su plasticidad y expresar todo aquello que busca. Se podría decir que la arquitectura del japonés no podría ser como es sino fuera por el hormigón, aunque no es una cuestión estética o formal, sino conceptual.
Para él, la arquitectura no es sino una expresión del conocimiento del ser humano, que además tiene la capacidad de dignificar el espacio en el que vive. Esta visión tan desarraigada de la academicidad se puede deber a que, al igual que Mies, Ando no tuvo una formación corriente, y se introdujo en el mundo de la arquitectura viendo a los artesanos trabajar con sus manos.
Ese hecho y el de que en su visión de la vida el contraste entre la luz y la sombra es ineludible han marcado su camino, mirando siempre al pasado, tanto social como arquitectónico. Al igual que su paisana Kazuyo Seiyima, del estudio Sanaa, para Ando, la dualidad entre la oscuridad y la luminosidad es lo realmente importante, no buscando hacer una arquitectura deslumbrante, sino intimista.
La arquitectura no es una mera forma, ni es sólo luz o sonido, sino la integración de todo ello, en evidente movimiento debido a los habitantes de la misma.
Es esta arquitectura un lugar para conectar con uno mismo, por lo que responde casi siempre a la escala humana y con una tonalidad cromática que algunos consideran críticamente mínima, pero que dota de gran profundidad a los espacios, ya que no recurre a otras artimañas como el ornamento o la megalomanía, y premiando la soledad, el orden y la sencillez.
Sin tener en cuenta esos parámetros la arquitectura devendría en simple construcción.
Sus edificios se caracterizan por no tener una jerarquización reconocible, siendo en todo momento el lugar más importante aquel donde se sitúa el espectador. Esa idea se acerca a la forma de pensar de Steven Holl, quién busca sensaciones perceptibles por el habitante en todo momento.
A pesar de tener una arquitectura muy contundente, la naturaleza está siempre cuidada en sus obras, siempre respetada y valorada.
Formalmente cuida mucho los paños de hormigón visto, consiguiendo verdaderas proezas con ese material, desde cambios en la iluminación hasta sensaciones que nos hacen ver el hormigón como un elemento suave y relajante.
Pese a ello, dota a los espacios de singularidades propias de cada uno, no busca una homogeneidad per se, ya que cada cual obedece a sus propias reglas.
Junto a ese rasgo quizá el tratamiento de las escaleras sea otra de sus características más destacables, sin contar el uso del engawa o espacio previo tan característico de la arquitectura japonesa, más como metáfora que como espacio construido.
De manea análoga hace referencia continua al círculo, símbolo de la eternidad, pero casi nunca de forma completa, dejando que sea quien vive la arquitectura el encargado de terminarlo en su imaginación.
Proyectos más significativos:
Museo de Arte Contemporáneo de Fort Worth (Texas, Estados Unidos)
Capilla del Agua (Tomanu, Japón)
Museo de Arte Contemporáneo Naoshima (Naoshima, Japón)
Museo Noniwa (Okayama, Japón)
Museo Ryotaro Shiba (Osaka, Japón)
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Zaha Hadid.
Una nueva forma de expresar la arquitectura.
A diferencias de otros arquitectos como Vázquez Consuegra, del que ya hemos hablado, Zaha Hadid tiene un sello inconfundible.
Su forma de hacer arquitectura es tan peculiar como innovadora, y tan propia como contemporánea. La yuxtaposición tradicional de planos horizontales ha pasado a un nuevo nivel tridimensional no sólo en un concepto como el “Raumplan” de Adolf Loos, sino en una formalización del concepto físico de la arquitectura. Esto viene imbuido por una visión tremendamente plástica de la arquitectura, de una cercanía real a la pintura, a la que también se dedica con entusiasmo.
El suprematismo en la pintura ha derivado en su arquitectura, transformándola hasta hacerla a muchos ojos ilegible y a otros muchos genial. La cercanía de su pintura a lo abstracto más que a lo realista ha influido indudablemente en su arquitectura, al igual que el deconstructivismo.
Pero no sólo eso es la aportación de Zaha Hadid a la nueva arquitectura. Ella ha generado una nueva caligrafía para una nueva forma de entender la arquitectura.
Muchos la critican por no relacionar sus obras con el entorno en el que se ubican, más no es cierto, puesto que lo que sucede es que ese entendimiento están en el concepto mismo del proyecto más que en lo evidente de la formalización del mismo, por lo que a muchos les parece que su obra es siempre la misma independientemente del lugar donde se asiente, indiferente al entorno.
Eso se debe sobre todo a una intensa teorización en el trabajo de construcción de sus obras.
Formalmente puede ser evidente que un proyecto de Zaha Hadid no ha de estudiarse mediante planos, ni siquiera mediante secciones, sino con bocetos tridimensionales y esquemas, puesto que esta nueva conceptualización no se maneja como las de antaño.
Algo similar podría ocurrir en las obra de Frank Ghery., donde las líneas rectas son una excepción más que una norma, al igual que en el caso que nos ocupa.
Zaha Hadid da más valor a los espacios generados y a cómo se usan que a la arquitectura generada en el proceso de construcción de éstos. Algo similar podría pasar en la arquitectura de Steven Holl, donde las sensaciones son el fin último de toda su creación.
Proyectos más significativos:
Pistas para saltos de esquí (Bergisel, Austria)
Estación de Bomberos de Vitra (Weil am Rhein, Alemania)
Planta BMW (Leipzig, Alemania)
Estación Terminal de tranvía Haeim Nord (Estrasburgo, Francia)
Biblioteca para la Universidad de Sevilla (Sevilla, España)